- Honestidad Brutal: Incómodas
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¿Por qué no te callas? (Modérate, hermano)




Mentira verdadera "No me gustan las cámaras"

Es cierto que la conferencia de Chemo del Solar fue un homenaje a la distracción y a la inconsistencia. Es cierto que mientras una empresa de telefonía ya ordenó el retiro de paneles con el rostro de un embetunado ariete (por ir contra las normas de conducta), Chemo sigue pidiendo más pruebas (“¿qué necesitan, las sábanas mojadas del hotel?” El Veco dixit). Es cierto que molesta y que hasta indigna no ver una mano resuelta que golpee en voz alta en medio de tanto irrespeto.
Molesta, claro. Pero más indignante, más vergonzoso, es ver una conferencia de prensa donde el periodista sea el elemento que tengamos que censurar. Fastidia ver en la mesa a un Del Solar aún con dudas sobre la fiesta interminable que se armó en el hotel El Golf Los Incas. Es más incómodo aún, verlo al lado del más cuestionado de los dirigentes deportivos (Manuel Burga). Pero más triste es tener que estar del lado de ellos. Porque se admite la crítica, el análisis, la pregunta incómoda y la repregunta sangrante. Lo otro no.
En Honestidad Brutal admitimos la verdad ácida, la que duele, la que conmueve. Lo que cuestionamos es el uso de agravios, de arranques de indignación (porque las cámaras enfocan y “es lindo” ser famoso), y ese grito intolerante que siempre suena dictatorial.
El video que van a ver muestra una escena donde el malo no es el cantinflesco Chemo ni el inamovible Burga. El malo es el otro. El que pregunta, el que insulta.
Con Efraín Trelles, jefe de Deportes de RPP Noticias, compartimos la tacha a la gestión de Manuel Burga y resto de dirigentes de la FPF y la indignación por el escándalo de los jugadores en la concentración. Lo que no entendemos es si era necesaria su pose bravucona y su desfile de exabruptos. Causa vergüenza ajena porque uno también tiene que preguntar en conferencias y si el respeto no existe mañana en un auditorio la gente se agarrará a las patadas y a las mentadas de madre. Que se equivoquen los dirigentes, los técnicos, los jugadores. Los periodistas, o quienes tratan de ejercerlo, no. Veo el video y me molesto. Porque yo también entrevisto a personajes como Chemo y Burga (muchas veces intratables ambos) y no encuentro la razón para convertirme en un ser descontrolado a la hora de mostrar una discrepancia.
Hace tres años, el técnico brasileño Paulo Autuori le dijo a Efraín Trelles que siempre preguntaba estupideces. Recuerdo que hubo una defensa unánime en contra de ese agravio por parte de los colegas. Ahora la mesa giró. Y este señor de la radio ha pasado al otro bando. Miro el instante del intercambio verbal, escucho a Trelles y entiendo por qué tantas veces nos faltan el respeto en las calles a la hora de cubrir una noticia. Nos tiran la puerta en la cara porque nos culpan de carroñeros, de figurretis noticiosos y de seres oportunistas que fusilan por deporte. Nos culpan de ser como él.

El fin de los medios




Mentira verdadera: "Nosotros siempre decimos la verdad"


No veo más televisión. Me he curado. En el cable solo me detengo en algunas series o buenas películas, pero sin exceso. Muy poco, casi nada. ¿Por qué mi alejamiento? Diría que por flojera y porque no me gustan las rutinas. Ver una serie te obliga también a seguirla, a estar pendiente, correr desde donde estés para ver las nuevas temporadas. Ya lo hice con Seinfeld, con Friends y con, por supuesto, The Wonder Years. No más.
Pero la razón principal de mi alejamiento es la señal abierta. Sin ideas, sin razones, sin innovación, miniseries oportunistas, travestis al mediodía, programas cómicos con escenografía de burdel y, sobre todo, programas periodísticos donde la investigación es un fruto prohibido. Pobre de ti si cuestionas, pobre de ti si sales de la agenda.
Ese es mi principal reproche, en los años noventa, cuando Montesinos y Fujimori ya tenían su lista de invitados aún existían periodistas que investigaban y sorprendían. Se ganaban el rating con puros hallazgos y cuestionamientos. Daba ganas de ser como ellos. Bruno de Olazábal, Rossana Cueva, Beto Ortiz, etc. Una buena generación que se dispersó el día que Nicolás Lúcar le vendió su alma al diablo.
Hoy, Bruno ya no está, Rossana está detrás de cámaras, y Beto se niega a volver a su mejor versión. Hoy Lúcar prefiere hacer reportajes a personas y cuando puede se pelea con Brad Pizza. Hoy, Cuarto Poder lo intenta pero el correcto Tola es estorbado por una inoportuna Sol Carreño, que aún me hace recordar a los años más negros del América TV de los Crousillat. Hoy, La Ventana Indiscreta cierra su cortina cuando Baruch les pide no investigar a Chicho Mohme. Hoy, Rosa María Palacios entrevista chévere pero no produce reportajes reveladores.
Hoy señores, somos testigos del más triste espectáculo de banalización informativa. Se llama Panorama, empieza a las ocho y termina a las diez de la noche. Todos los domingos. Lo conduce Jessica Tapia y lo dirige Álamo Pérez Luna, el mismo reportero que era monitoreado por Montesinos cuando entrevistaba a un terrorista arrepentido. El mismo que hoy exhibe sus cualidades como el más feroz especialista en distracción que pulula en los medios. Así es. Cuando muchos nos preguntamos, qué pasa con el gabinete con tantas interpelaciones, o si es verdad que Alan García tiene pactos con el fujimorismo. Cuando queremos descubrir algún vladivideo del aprismo, allí aparece Alamo, con su entonación a lo Lúcar (no se lo pierda), con la seguridad de ser el buen reportero que nunca fue y con sus treinta de minutos de pseudorreportajes hechos gracias a la tecnología de Google y You Tube.
¿Qué fue de la vida de los Menudo? ¿Qué canciones pasaban en los sesenta, setenta u ochenta? ¿Qué dibujo animado veías en tu niñez? ¿Le interesa? Pues vea el bodrio de Panamericana TV. Y digo bodrio, porque nada me parece más impresentable que desinformar a un país donde el conocimiento aún es un bien esquivo.
¿Quién tiene la culpa? Genaro Delgado, la Tapia, Álamo, sus reporteros que, por sus voces en off, revelan que jalaron el curso de redacción periodística, y claro, sus televidentes. Me reprocha mi amigo Fernando, “si existe Álamo, es porque hay gente que lo ve”. Es cierto, pero tampoco es justo. ¿Qué debemos hacer con el drogadicto? ¿Seguirlo drogando acaso? No pues, hay que curar. Y mi pequeña dosis para los que están enfermos y prenden canal 5 en sus noches dominicales, es decirles que esos informes de Google y You Tube son intencionales. Que quieren distraernos, que hay intereses políticos y financieros para que usted y yo estemos desinformados.
Que cuando Álamo Pérez Luna, Jessica Tapia y Genaro se reúnen para ver el ráting, se ríen de usted. Porque los vio, porque prendió el televisor. Porque hay millones de peruanos que aún no se dan cuenta.

Un pseudorreportaje de Álamo Pérez Luna en Panorama, un estandarte del “neollevafacilismo” en la TV peruana

Noxis



Mentira verdadera: "Nos vemos en el lugar de siempre"

Soy el verso olvidado por tantas repeticiones,
la última oportunidad del desencuentro.
Las horas vacías que prefieren callarse,
las guerras que perdiste por walk over.
Soy el que escondió el aviso de “no tocar”,
el bolero que no quisiste bailar conmigo.
Los rincones inundados por lluvias propicias,
el tropezón tan oportuno, tan perfecto.
Soy la palabra después de la coma, sin punto final,
la obstinación inundada en brindis impronunciables.
Soy el 99465274 que no esperaste y que esperabas tanto,
el argumento reencarnado en súplicas perplejas.
Los lentes equivocados de medida desmedida,
Soy la moneda sin cara ni sello,
la misma moneda que cae dos veces.
Soy la duda.

(Noviembre del 2005)

Canciones que caminan por la calle melancolía

The Blower's Daughter de Damien Rice (ya hablé de ella en otro post)


Qué nos va a pasar de La Buena Vida (se agradece por el hallazgo, Alicia Bisso)


Canción para mañana de Los Bunkers (gracias Nogi)

Avisos parroquiales


Mentira verdadera: “Este blog es personal”

Conversando con un amigo y colega blogger, lo llamaremos F, entendí que Honestidad Brutal estaba comenzando a convertirse en Honestidad Formal. Es decir, demasiado “buena” para ser verdad. Las cosas como son, me estaba cuidando mucho antes de postear para culminar artículos correctos y algo largos, que podían ser de interés pero que postergaban a esos impulsos textuales que desde hoy también tendrán lugar en este sitio. Han pasado cerca de tres meses y cinco mil lectores desde que nació Honestidad y creo que el blog debe renacer hasta hacerse a imagen y semejanza de su nombre.
A los que acompañaron y siguen hasta hoy: gracias totales. A los que estuvieron de paso y esperaron más, algo nuevo tendrán. A los que esperan honestidad brutal les digo que cada quince días tendrán mi lista de definiciones sobre este tema y que, en aras de la espontaneidad también brutal, habrá menos elaboración y más producción. Estarán los textos largos que han dominado el blog las últimas semanas, pero también estarán esas frases felices que a veces lees, que a veces sueñas y que en otras tantas se aparecen en tu libreta de apuntes. Habrán canciones, videos, trailers, más crítica de cine, menos teoría y más práctica.
Comencemos diciendo que Honestidad Brutal es confesar que esta noche quise recordar y encontré algunos textos que, por supuesto, me darán el permiso de publicar. Tristes, inoportunos, pero que siguen vigentes a pesar de las ausencias.
Si no están de acuerdo con el cambio me avisan eh.

Nota desde la redacción:
La próxima semana quiero celebrar con ustedes la salida de La lengua popular, nuevo y genial disco de Andrés Calamaro, el hacedor, más honesto e insano que nunca, pero incorregible como antes. ¿La mejor canción del disco? Para mí es esta, se llama Soy tuyo. Véanla, escúchenla, dedíquenla pero nunca la regalen.

Queríamos tanto a Meche (y a las demás también)



Que levante la mano quién no ha tenido alguna vez un complejo de geriatra. Que se manifieste en la sala aquel que no ha perdido en el recuento de los años. Ella era mayor y tú solo un joven: inútil, pequeño, sin certezas, agobiado, voluble. Inconsistente. Ella con seguro de vida y tú un marinero atormentado sin timón. Ahogado en la orilla de las posibilidades.
Acabo de escribirle un comentario a Renato Cisneros; amigo, colega, ex compañero en Deporte Total, “hermano mayor” y blogger de Busco Novia; quien esta semana nos retorna a lo que para mí es un aleccionador desvarío platónico: el afiebrado cariño a una mujer mayor.
Y a manera de retratar ese extraño objeto de deseo, ‘Rena’ cita su encuentro con la nunca tan bien querida Mercedes Aráoz, “nuestra” ministra de Comercio Exterior y Turismo, la más aceptada, por mí y por usted. La misma lideresa que hace unos meses despertó la mejor inspiración de Luis Iparraguirre, inefable blogger de Crónicas de Pollada, en una carta muy bien escrita que no dejo de recomendar.
Esa funcionaria que al unir clase, intelecto y sensualidad, con esa voz ronca a lo Olga Zumarán (también mayor, también en su lugar), nos hace olvidar del APEC, TLC o si el Pisco es peruano o si Macchu Picchu es real maravilloso. Nada. El único tratado de libre comercio, con un pisquito sour de por medio, la única maravilla real es ese encuentro virtual que toda la blogósfera quiere tener con la señora Mercedes, con la ministra de la gente, aquella que sonríe coquetísima al ver crecer esa cofradía fulgurosa que sigue latente en la blogósfera.
¿Es válido aislarse de lo establecido y decirle a alguien que te lleva cinco años o más que quieres salir con ella? Puede ser. Para un joven entre 17 y 22 ir al cine con una chica de 25 o 30 es como un triunfo de Perú contra Brasil en eliminatorias. Un hecho aislado, pero celebradísimo, inesperado, sorprendente. Es ser campeón del mundo por un día. Lo malo es que cuando todo termina también puede ser un Perú-Brasil, pero con derrota 7-0 como en la Copa América del 97. Goleados, sin dignidad, atropellados en el orgullo. Solos.
Es un riesgo, por supuesto. ¿Vale la pena? Creo que sí, después de los 20 años estos parapentes emocionales en los que se convierten los callejones afectivos, sirven para seguir. Es la única manera de llegar a los 25 o 27 y saber que ante “Brasil” puedes festejar con vuelta olímpica o irte con la canasta llena de autogoles.
¿Existe edad ideal? Yo diría que poco después de los 20. ¿Se aprende? De todas maneras, hay un antes y después de una relación así. Dos veces volé sobre ese parapente de Edipo (aunque uno fue más un puenting sin soga), las dos con iniciales C., en el 2001 y 2003. Hace dos años encontré un disco compacto con los éxitos de Simon and Garfunkel, con Mrs. Robinson, The Boxer y The Sound of Silence (todos del soundtrack de The Graduate). Después de escucharlo, decidí llamar a una de ellas.
Me contestó un pequeño de unos 4 años y, tras estar a punto de colgarme al no entender quién era, "un amigo de su madre", me la pasó.
“Hola… ¿P…? ¿P… de San Marcos? Te contestó mi hijito…, ya todo ha cambiado, cómo te explico. Volví con mi esposo… ¿Y tú cómo vas?”

Así es este deporte de aventura, saludable al comienzo, mortal si te caes. Pero solo una vez. Jugarse todo por el premio mayor (de edad mayor) puede ser un disco inolvidable de una sola pasada. No hay espacio para el bonus track. Prohibido repetir porque puedes sentirte una vulgar ave de paso con un teléfono colgado de prisa. Porque puedes sentirte, al igual como yo cuando escuché a ese niño, un verdadero hijo de puta.

Dustin Hoffman en "El Graduado"


Homenaje a la señora Robinson "El Graduado"

El poeta que nunca estuvo



A ese concha de su madre/
Me lo llevan al calabozo/
Y entonces le dijeron/
Maestro ¿cuántas veces se perdona?/
Y él respondió: setenta veces siete

"Luis Hernández (1941-1977)"

Mentira verdadera: "Te amo -1, eres un amor irracional (LH)"


Hace dos sábados se publicó en la revista Somos (número 1087) un curioso reportaje acerca de los hallazgos del investigador peruano Edgar O'Hara, quien lleva años siguiendo los rastros de un poeta tan ausente como infaltable: el campeonísimo Luis Hernández.
A quienes conocimos a Hernández en la universidad a mediados de los años noventa, nos contaron que alguna vez existió en Lima un escritor fundamental, de versos abrumadores y de un ritmo peculiar e inmejorable. De un poeta cuyos escritos pueden ser musicalizados sin problemas. Porque las notas están en su lugar, porque el sonido se impone y la palabra, en sus cuadernos multicolor, nunca estorba. Nos dijeron, también, que el dolor estaba instalado en su sola esencia y que allí, en el asfalto de lo irrecuperable, caminaba toda su poética. El dolor estaba en él y por eso viajó a Argentina buscando buenos aires.
El viento no quiso viajar a su lado y más bien le apagó las velas hasta dejarlo a oscuras. Dice la leyenda que Luis Hernández nunca se curó de una espalda que hincaba cerca al pecho y que se hizo irresistible. Hernández le escribió una carta de despedida a su querida Betty Adler y tomó el último tren. Se aventó a los rieles, lo encontraron días después.
Hasta allí lo conocido, lo que aparece en las biografías. Pero O'Hara, quien ya alista la inminente publicación de La Soñada Coherencia (libro antológico de Luis Hernández), viajó hasta Santos Lugares donde, en apariencia, Hernández se suicidó un 3 de octubre de 1977 antes de cumplir 35 años. Allí, entre otras cosas, descubrió que esa zona era un paradero recurrente de las víctimas de Rafael Videla, el dictador argentino de aquellos años represivos.
La hipótesis de O'Hara es poco menos que escalofriante: "Pudo ocurrir que el poeta haya caído en una redada en Parque Lezama, en Buenos Aires, y que se pusiera sabroso con la policía y que el incidente terminara con el asesinato de Luis y el cuerpo que aparece en la vía férrea de Santos Lugares".
Han pasado 30 años de la muerte de Luis Hernández, el poeta que nunca estuvo pero que siempre regresa. Sus manuscritos, sus poemarios artesanales marca Justus o Minerva, pueden ser el mejor hallazgo para todo aquel que busca un impulso creativo antes de escribir. Mientras O'Hara sigue con esas pesquisas que todos los seguidores de Hernández agradecemos, quiero presentarles este autorretrato sin título a manera de "mucho gusto".

Soy Luisito Hernández
CMP 8977
Ex campeón de peso welter
Interbarrios; soy Billy
The Kid, también,
Y la exuberancia
De mi amor
Hace que se me haga
Un nudo en el pulmón
Y el Amor lo vierto.
Algo de común hay
Con el Agua el Amor.
Algo existe en H2O
Que es más que espejos
Acequias, ríos,
Albercas, estanques y
¿Por qué no?: océanos.


Soy materialista:
J'appélle un chat, chat
O, mejor aún, creo escribir
Sin segundas intenciones
Más bien por llevar
Un ideal. Cierto Ideal
Que podría ser
El no tolerar
Ante mí el sufrimiento
Y de ahí la flor
No permitir ante mí...
Mejor cantemos una melodía
Que proviene de nosotros,
Y es muy nuestra,
Puesto que esta canción
Tiene en sí existencias
Como toda canción
"Qué es aquella flor
Que llevas
Pueda ser ya marchita
Una flor de lejanos días
Y te dirá de mí"
Los malos no tienen canciones
Y creo que La Poesía
Es entregar al Universo
El propio corazón
Sin desgarrarse
"O make me a mask"
Unicamente un ejemplo:
La poesía conduce
Hacia la propia destrucción
Poor Dylan Thomas!


Now say nay
Ahora sí no
Pero el sufrimiento
Es un camino
Plagado de peligros
E innecesario, no llores
Dylan, no llores Paul Verlaine
Soy materialista
"En el corazón tenía
La espina de una ilusión
Logré arrancármela un día
Ya no siento el corazón"
Quizá por ello diría
¡Ay, no sufrir, Poetas!
Mejor escribir algo
Que sea el mundo
A través de tus ojos
And Through your eyes
To your heart
Qué diré entonces
Qué es lírica
Creo que el ser humano
Está hecho a imagen
Y semejan etc.
Visto así, la Poesía
Sería creación.
Mas no. Poesía
Es evitar el dolor
A quienes en tu camino etc.
Juro por Apolo Musagetae
Citaredo, Dios de la Medicina
Y la Poesía
No tolerar ante mí
El dolor: Los cromáticos
Yates tiene un tenue
Tacto de belleza
Oder-Dichtung und wahrheit
Los polícromos barcos
Llevan un impalpable
Amor, Amor que basta
Para que la bóveda celeste
Y los parques
Y tantas cosas
Así es; que si Dios
No existe
Qué importa
Pues de todas formas
Existe
Esta es la soñada coherencia.

(Si quieren más pueden entrar a este sitio que el PUCP colgó con la vida y pasión de Lucho Hernández: http://www.pucp.edu.pe/biblioteca/luis_hernandez/lh_flash.html)

La bestia es el otro

(o la punzante estupidez de las corridas de toros)





Mentira verdadera: "Las corridas de toros son una tradición"


No entiendo la afición por las corridas de toros. Me he sentado a escuchar a decenas de personas que defienden este espeluznante ritual de sadismo, de frágil moral, de abuso y desigualdad criminal. A este baño de sangre que cuesta más de cien dólares si buscas primera fila. Me he detenido a conocer su razones y siempre termino pensando lo mismo. Esta bestialidad no merece seguir existiendo.
Desde el 28 de octubre comenzarán otra vez las corridas en la Plaza de Acho y es hora de que esa minoría, que disfruta con la más salvaje de las torturas, sienta la presión de ese 90 por ciento de peruanos que no tolera esta lucha desigual donde siempre morirá el más débil.
Me he sentido a ver desfilar las razones de los aficionados “taurinos” y concluyo que su defensa es frágil y repetitiva. Si les dices que “detestas su pasatiempo favorito”, te preguntan cosas como “¿comes carne?”. Y tardarán dos minutos en decirte “que es lo mismo”. El camal es su justificación, que se vayan toditos allí entonces.
Estoy de acuerdo que los defensores más auténticos de la vida animal son los vegetarianos. Pero hay otros miles, o millones, que sí consumen carne pero que no encuentran necesarias las prácticas que vemos en estos rituales abusivos. Las corridas de toros son solo una absurda tradición que solo tiene lugar en países como el nuestro donde el tiempo se ha detenido en algunas clases sociales.
Al torero le dicen “matador”, como si fuera un gladiador valiente. Sería interesante verlo de igual a igual con otro que también vista esos andróginos trajes entallados. Que salgan a la arena con sus banderillas y que gane el que las clave en la espalda del otro primero. Eso nunca pasará.
En el Perú las contradicciones son como olas de mar que van y vienen. Regresan y son peligrosas cuando se acumulan. La Feria de la Plaza de Acho se llama “Señor de los Milagros”, como si la iglesia del “General” Juan Luis Cipriani cobrara bonos por darle este nombre bendito a la más maldita de las aberraciones. Mi sospecha es la única explicación a esta perla eclesiástica que se repite cada año.
Si la mayoría detesta a estos asesinatos públicos, ¿por qué no les apagan la luz de una buena vez? Simple y necesario, porque esta afición torea a la ley con la billetera gruesa. O sea tienen “billegas” pues brother. O sea, son pipirisnais. Alucina que ya compraron sus boletos de ochenta cocos. Manya.
¿Qué podemos hacer? De momento protestar. Meter presión y que se escuche. Todos juntos. Acabo de leer que el Frente Antitaurino en Defensa de la Vida saldrá a manifestarse todos los domingos desde el 28 de octubre hasta el 25 de noviembre. Ojalá que la Prefectura no le dé una estocada en el abdomen a esta defensa de la vida.
Yo solo quiero que alguien me diga cuál es la utilidad de esta sádica actividad. No dejan nada, solo sangre derramada e imágenes crueles que disparan directo a las retinas, cual bala viajera con el mensaje “la corrida de toros es la más dolorosa representación de la condición humana”.
Los toreros son sicarios que atacan a traición, con alevosía y ventaja. Al toro le llenan los ojos de vaselina, les dañan los cuernos, los anestesian. Los estupidizan para que no desentonen con ese inconsciente colectivo que cuando regresa a casa, más salvaje y más cómplice que nunca, no tendrá que contarle a nadie el final de su costosa película de terror.
Está cantado y repetido: el toro siempre será el que muere.

La escena del crimen (advertencia: este video puede dañarte si eres muy sensible)


Si los animales hablaran... ("El oso" en inmejorable versión de Daniel F)

Nuestra cruz del sur



Mentira verdadera "Fujimori pagará por sus culpas"


Si en este cuento de terror, la caperucita despistada es la legislación peruana, pues Alberto Fujimori se ha convertido en el 'lobby' feroz. El ex dictador ya busca su libreta interminable de contactos en esta cuenta regresiva. ¿A quién llamará? En Honestidad Brutal queremos darle una mano y llenar su lista.

Fujimoristas. Es fujimorista el primer vicepresidente de Alan García Pérez, Luis Giampietri, amigo de Fujimori y casi hermano de Vladimiro Montesinos. Giampietri fue elegido en la plancha presidencial aprista como miembro del grupo Chimpún Callao, liderado por el también fujimorista Alex Kouri, hermano de Beto Kouri, el primer ampayado en el salón del SIN.
Es fujimorista Giampietri porque le dio trabajo por cinco meses a Alberto Pandolfi, primer ministro del fujimorato. Es fujimorista Alan García porque no cesó de sus funciones a Giampietri después de este hecho y porque se reunió con Keiko Sofía, según él por un asunto de gobernabilidad.


Giampietri con Montesinos, amiguísimos

Es fujimorista el gobierno de Alan García, porque en su mandato renunciaron dos procuradores anticorrupción renegando porque no los dejaron trabajar. Es fujimorista la segunda vicepresidente de García, Lourdes Mendoza, hermana de Juan Carlos Mendoza el primer tránsfuga de aquella vergonzosa bancada de Unidad Nacional (se pasó al grupo fujimorista). Es fujimorista la vicepresidenta, también, porque su hermana Fernanda postuló en el 2001 en la plancha presidencial de Carlos Boloña Behr, ministro de Economía de Fujimori.
Es fujimorista el aprismo que en 1990 financió la publicidad del Shock y derrumbó las opciones del Fredemo ante Fujimori. Es fujimorista Luis Alva Castro al entregarle en aquellas elecciones presidenciales sus votos a Fujimori.
Es fujimorista el aprismo porque Agustín Mantilla, búfalo máximo de poder indiscutible en el partido, se reunió en el SIN con Montesinos y hoy almuerza con Óscar López Meneses, asesor del monte-cinismo.
El 40 por ciento del congreso es fujimorista si sumamos los votos apristas y los 13 votos de "Sí cumple". Es fujimorista Martha Hildebrandt, Martha Moyano y Martha Chávez. Es fujimorista Rafael Rey y su botella de pisco también lo es. Son fujimoristas Laura Bozzo, Carlos Raffo, Saravá, Reggiardo. Es fujimorista Keiko Sofía, es fujimorista Kenyi. Fue fujimorista su madre Susana que los parió.
Es fujimorista Christian Suárez, Raúl Romero, Carlos Álvarez, Tulio Loza, Ana Kholer y Rossy War.
Son fujimoristas Carlos Menem, Cecilia Bolocco, Pinochet desde su tumba y los xxx de chilenos que aún creen en él. Es fujimorista Nicolás Lúcar, que trabajó para los Crousillat, es fujimorista Magaly Medina, que trabajó para los Winter. Es fujimorista Rosa María que recibió dinero de Hurtado Miller.
Es fujimorista Ollanta Humala porque se rebeló cuando Fujimori ya había renunciado y distrajo la mirada en el peor momento (cuando Montesinos fugaba). Son fujimoristas Cipriani y todos sus feligreses que le lavan los pies en Jueves Santo. Es fujimorista canal 5 porque su dueño es Genaro y porque Alamo Pérez Luna dirige Panorama. Es fujimorista canal 9, porque le dieron una segunda vida a la última de las geishas en TV: Pilar Higashi. Pero más fujimorista que todos ellos es quien borró la inscripción más original en contra de la dictadura, en una pared de la avenida Javier Prado Oeste. Decía: "Toallas higiénicas Fuji-Mosa, la única que dura tres periodos".
Es fujimorista Francisco Tudela y Federico Salas, es fujimorista la minoría política japonesa que tanto lo quiere por Chavín de Huántar. Gisela Valcárcel también es fujimorista, Mónica Delta lo sigue siendo. Fernando Viaña ahora lo es. Ernesto Schutz siempre lo fue. La justicia es fujimorista. En tú casa hay un fujimorista, en la mía también.
Fujimori podría ser convocado por Alex Otiniano para trabajar en Baño de Mujeres. Es el amigo de todos.

(Para los que alguna vez se emocionaron en aquellas protestas estudiantiles allá por 1998 y 1999. Dos canciones que me hacen acordar esa época de intervenciones militares, abusos, prensa secuestrada, tránsfugas, informes del SIN y cortinas de humo a ritmo de tecnocumbia)

Desaparecido de Manu Chao


Más Poder de La Sarita

El exterminador de erratas



Mentira verdadera: "Errar es humano"

No te equivocarás. Un mandamiento. Cuatro años me los pasé redimiendo la omisión de otros, el desatino del resto. Ellos, los que sí pueden fallar. Ellos, los pecadores que hacen de sus imperfecciones una chance para quererlos más. Yo fui un exterminador de erratas, la última palabra, la voz cantante en una editorial que vivía (y vive) concibiendo textos médicos y revistas farmacéuticas. Todo lo que nunca pensé leer y leo. Evitar resbalones gramáticos, la palabra que encaje sin forzar. Esdrújulas, sobreesdrújulas. Yo sólo quería pecar, quería hacer de mis desconocimientos una razón para recibir. Quería (quiero) ser inexacto.

Incursioné en las correcciones de estilo de manera fortuita. Un papel recortado con un teléfono que me entregó un profesor de la UNMSM me condujo al lapicero rojo — de preferencia fine pen—, a los signos, a las altas y bajas, a las negritas y blancas, a las cursivas y redondas; a ser la última firma sin licencia para correr riesgos. Para eso está, y estará, el corrector, él sabe, él es un letrado. Eso es lo que se me hacía insufrible. Detestaba ser el banco de datos, vivir a costa de mi razonamiento verbal.

Se me antojaba ser como el oficinista que se defiende con su Excel, funciona sólo de 9 a 6 y almuerza después de recoger su tapper del microondas. Anhelo el desparpajo de aquel contador que pregunta si es “con b grande o v chica” o de las delicadas y coloridas asistentes full computación, todas con afán de superarse y sintonizadas con su radio “A”. Lindas y regias, tan atentas. Ahora los recuerdo como compañeros fascinantes, comunicados a través de correos electrónicos llenos de insultos al idioma, pero que se hacían humanos en su mar de equivocaciones.

Yo era el aburrido. No podía escuchar radio “A” y debía decir ‘b’ labial o uve. Me aturdía ser correcto. Me encontré en algunas crisis al escuchar hablar de la Real Academia Española, de sus reglas últimas, de sus intolerancias e innovaciones. Un amigo cronista que hoy vive en Barcelona me dijo que en algún momento de mi vejez las correcciones terminarían siendo mi trabajo alimenticio. Siempre existirá un texto erróneo, aquí en el Perú donde el buen castellano es una gran ilusión. A pesar de ello, sigo pensando que los errores tienen un encanto. Poseen una calidad de inesperados y además son producto, en muchos casos, de estados de ánimo o derivan de una situación incierta. Esa mala digitación por los nervios, por el apuro o esa omisión visual por estar pensando en el billete que te falta o por las ganas de llamarla (porque te falta valor). Esa posibilidad de sonrojarse por desconocer es algo que nunca tuve por dedicarme a esto, a limpiar el discurso sucio, a iluminar la oscuridad textual.

Quien labora con las correcciones tiene que adiestrarse a diario, siempre una palabra nueva, memorizada, prohibido preguntar. El hecho de consultar el diccionario de la RAE ya es un signo de debilidad. Yo lidiaba con el tiempo, con el estado de mi vista, con la mirada avizora de ellos, los que sí podían equivocarse y que, aunque no lo decían, esperaban que yo también me equivoque.

Por eso prefiero escribir estos errores honestos en lugar de corregir a los demás. Relatos como éste pueden despertar réplicas, observaciones y señales con fine pen. De esta manera puedo crear y jugar libre como el oso de Daniel F. La errata merece ser evitada pero no es fruto prohibido. A nadie se le debe sentenciar a muerte por un desliz que por alguna razón rima con feliz.

Hoy tengo la debilidad por mandar correos electrónicos con todas las letras en bajas, o abrevio palabras cuando me comunico por el chat. Eso sí, debo reconocer que quiero reencontrarme con esas chicas uniformadas que se presentaban frente a mi escritorio para hacerme sus consultas acompañadas de esas zonas coquetas pobladas con purita fantasía, el traje carmín, el olor a You y el ineludible programa radial “Secretarias Románticas S.A.”.

La candidez de sus textos me hacían sentir que era el protector que evitaba un “quiero dirijirme a usted” o un “le agradesco la atención”. Eso es lo que más extraño, a aquellas debilidades uniformadas que marcan tarjeta de 9 a 6 y sus epístolas que aún alucino devolverlas con una invitación provocadora y sin tildes con mi fine pen rojo. Cuatro años después sólo me queda evocarlas con alguna balada de “la radio del amor” y resignarme, apenado y con algo de vergüenza, a no saber más de esa gentita que duele por su ausencia en los bares rústicos de Barranco y del Centro de Lima, donde los que “destrozan” en las letras se encuentran.

Pobre secretaria de Daniela Romo (va para el ránking brutal de lo más freak)

¿Qué es honestidad brutal?




Honestidad brutal es un disco doble con la mejor canción de rock en español de todos los tiempos: "Paloma" de Andrés Calamaro. Honestidad brutal es el nombre de mi blog sobre mentiras verdaderas y el título de más de cinco textos que nunca publiqué. Honestidad brutal es cuando en la película "Closer", Julia Roberts le dice a Clive Owen “a qué sabe” el semen de Jude Law. O cuando, en la misma "Closer", Natalie Portman le dice también a Owen “mentir es la cosa más divertida que puede hacer una chica sin quitarse la ropa”. Honestidad brutal es un primer plano a la Portman, es un primerísimo primer plano a Uma Thurman.
Honestidad brutal es Joaquín Sabina cuando, en entrevista televisiva, sugiere que si a él le pusieran cuernos preferiría que le mintieran. También fue honesto, y brutal, Jorge Luis Borges al decir que había “cometido el peor pecado: no ser feliz”. Honestidad brutal es la poesía de Luis Hernández, el discurso de Kurt Cobain, la voz de Tom Yorke. Honestidad brutal es toda la letra de “Al lado del camino” de Fito Páez.
Honestidad brutal es citar a Billy Cristal, en “Cuando Harry conoció a Sally”, y su nunca tan real teoría de que en la amistad hombre-mujer siempre habrá una alta dosis de sexualidad. Fue honesto, y bruto, Diego Armando Maradona cuando dijo en su despedida que falló y pagó (pero que la pelota no se mancha). Honestidad brutal es el onanista Daniel F en "Memorias" y Charly García cuando te dice “tómalo con calma, la cosa es así…”.
Honestidad brutal es también “Cuando te conocí”, “La parte de adelante” y “Te quiero igual” de Calamaro (quien una vez le respondió a Susana Giménez “sigo cantando porque la gente merece saber toda la verdad”).
Honestidad brutal es confesar que nada me conmueve más que escuchar “The Blower’s Daughter”, de Damien Rice, la canción principal de “Closer”. Pero también es honesto, y algo bruto, reconocer que Paloma de Andrés es mucho mejor.
Es honesto y brutal decir que si no tenía blog era porque no sabía cómo hacerlo y que mis amigos Fernando Lozano y Patrick Espejo me enseñaron soportando mi estado de hombre cavernícola que recién descubre el fuego.
Honestidad brutal es decir que quiero tener muchos comentarios para responderlos todos. Pero más honesto es reconocer que el primero de ellos lo borré porque soy muy picón.
Honestidad brutal es quitar el moderador de comentarios (para no volverlo a hacer).

Paloma de Andrés Calamaro

La duda arácnida


Enredado y sin otra salida más que entregarme a la telaraña, presento en sociedad este blog con título calamaresco para no perder las buenas costumbres. Honestidad Brutal quiere ser el lado más real en una dimensión desconocida. Quiere ser la verdad de las mentiras para nosotros, los peruanos que nos engañamos tanto. Honestidad Brutal, a veces y en feriados, también será la película de mi vida (y la tuya), el texto que te debía (y me debía) hace tantos meses, el relato que no quería salir de Mis documentos. Mis gustos y disgustos. Sin filtros ni puntos suspensivos.
Las arañas descansan, tejen, contemplan, miden, se preparan. Así se comienza, alistando la trampa casi invisible para que nadie se vaya ni se duerma.
Peter ya aprendió a soltar el hilo conductor en la blogósfera. Ahora solo le falta un poquito de veneno.

P.